Actualidad económica

El comercio agroalimentario europeo sigue bajo presión

5 Feb 2026

A pesar de la aparente calma tras las protestas agrarias que sacudieron numerosos países de la Unión Europea a finales de 2024 y durante el primer semestre del 2025, el sector agroalimentario europeo sigue atravesando un periodo de incertidumbre y ajustes. Lejos de ser un episodio aislado, las movilizaciones fueron la punta del iceberg de tensiones estructurales que se mantienen en 2026 y que afectan directamente al comercio exterior de productos agroalimentarios. Empresas exportadoras, cooperativas y productores se enfrentan a un escenario donde se entrecruzan nuevas exigencias regulatorias, presión sobre los precios, competencia de terceros países y revisiones de acuerdos comerciales clave. 

El contexto post-protestas: reformas en marcha y expectativas contenidas 

Las movilizaciones del campo forzaron a la Comisión Europea y a los Estados miembros a abrir un proceso de revisión de algunas políticas agrarias. No se ha producido una ruptura con el Pacto Verde ni con los objetivos climáticos fijados para 2030. Pero sí ha habido modificaciones relevantes en su aplicación al sector primario. A lo largo de 2024 y 2025 se flexibilizaron ciertos requisitos de la condicionalidad ambiental de la PAC, se aplazaron normas sobre fitosanitarios y se amplió el uso de barbecho voluntario. 

A comienzos de 2026, la Comisión ha confirmado que estas medidas seguirán vigentes durante la actual campaña, a la espera de una revisión más amplia de la PAC prevista para 2027. Esto ha traído algo de estabilidad al sector. Pero también ha aumentado la fragmentación regulatoria, con diferencias entre países y cierta inseguridad jurídica para operadores que exportan a mercados con requisitos medioambientales más exigentes. 

El problema de las importaciones y la competencia desleal 

Uno de los puntos más conflictivos sigue siendo la entrada de productos agroalimentarios de terceros países sin las mismas exigencias ambientales, sanitarias o laborales que los exigidos a los productores europeos. Países como Marruecos, Ucrania o Brasil han incrementado sus exportaciones a la UE gracias a acuerdos comerciales que reducen o eliminan aranceles, mientras las explotaciones europeas afrontan mayores costes. 

El debate sobre las denominadas "importaciones espejo" —aquellas sujetas a los mismos estándares que los productos comunitarios— ha ganado peso político. En febrero de 2026, Francia y Polonia volvieron a exigir a Bruselas mecanismos más firmes de reciprocidad. La Comisión, por su parte, ha anunciado que está evaluando el impacto de dichas importaciones en la competencia interna, pero aún no ha propuesto un sistema generalizado de restricciones o controles equivalentes. Esta indefinición deja a muchas empresas exportadoras y transformadoras en una posición delicada: obligadas a cumplir con estándares exigentes mientras compiten con precios de países terceros. 

Tensiones en los acuerdos comerciales 

La revisión de acuerdos internacionales también ha cobrado protagonismo. El pacto UE-Mercosur, aprobado en enero, ha vuelto a enfrentarse a una fuerte oposición desde varios países europeos, especialmente en lo relativo a las importaciones de carne, azúcar y productos con impacto ambiental. 

En paralelo, la Comisión ha intensificado sus esfuerzos por cerrar acuerdos con mercados estratégicos, como la India o Indonesia, donde existe un fuerte potencial de crecimiento para los productos agroalimentarios europeos. Sin embargo, estos acuerdos también despiertan críticas por parte del sector agrario, que teme una nueva oleada de competencia externa sin garantías suficientes de reciprocidad. 

Inflación, precios agrícolas y volatilidad 

A pesar de que la inflación general ha descendido en la eurozona respecto a los picos de años atrás, los precios de determinados insumos agrícolas (fertilizantes, energía, transporte) siguen siendo elevados. El Índice de Precios de los Productos Agrarios de Eurostat muestra una ligera recuperación de los márgenes en algunos sectores, como el cereal o la leche, pero otros siguen en situación crítica, como el porcino o ciertas frutas de hueso. 

Esta volatilidad complica la planificación de las exportaciones. Las empresas que operan en el comercio agroalimentario deben tener en cuenta no solo los costes de producción, sino también las tensiones geopolíticas que afectan a los flujos comerciales. 

¿Cómo afecta este escenario a las empresas exportadoras? 

Las exportadoras y cooperativas con actividad internacional se enfrentan a un escenario más complejo que el de hace unos años. Por un lado, la demanda global de alimentos de calidad, con trazabilidad y certificaciones europeas sigue siendo elevada, especialmente en Asia, Oriente Medio y América del Norte. Por otro, las exigencias para acceder a estos mercados son más técnicas y regulatorias que nunca. 

Esto obliga a reforzar los sistemas de calidad, mejorar la digitalización de los procesos productivos y logísticos, y disponer de asesoramiento experto en aduanas, certificaciones fitosanitarias, etiquetado y cumplimiento de normas internacionales. Además, se hace imprescindible contar con herramientas financieras adaptadas al comercio exterior: seguros de cambio, coberturas de riesgo comercial, financiación de exportaciones y plataformas digitales que permitan identificar nuevos mercados de forma ágil. 

Hacia un comercio más resiliente y estratégico 

El escenario actual también ha impulsado una reflexión profunda sobre la autonomía alimentaria europea. Aunque el concepto no se traduce en cerrar mercados ni limitar el comercio exterior, sí implica replantear ciertos equilibrios. La Estrategia “De la Granja a la Mesa” sigue siendo el horizonte normativo, pero con un enfoque más matizado. La Comisión plantea ahora combinar sostenibilidad con competitividad, promoviendo acuerdos comerciales con cláusulas más estrictas en materia ambiental y laboral, así como reforzando la vigilancia de las cadenas de suministro. 

Para las empresas agroalimentarias, esto significa una oportunidad y un desafío: aquellas que consigan adaptarse rápidamente a estas nuevas condiciones podrán consolidar su presencia internacional y acceder a mercados donde la trazabilidad y la sostenibilidad son activos de valor. 

Un socio financiero para competir en un entorno exigente 

Para las empresas exportadoras y cooperativas agroalimentarias, el momento actual exige algo más que capacidad productiva. Requiere visión, anticipación y contar con un respaldo que conozca de cerca la realidad del sector y de los mercados internacionales.


En [weg:entidad] te ayudamos a exportar con criterio, no por impulso

Las cuatro señales anteriores no son una lista cerrada, pero sí un buen termómetro. Si en tu empresa detectas interés exterior, cuentas con capacidad operativa, una propuesta de valor clara y un mínimo de organización interna, estás en condiciones de planear dar el paso al comercio exterior. Eso no garantiza el éxito, pero sí evita muchos de los errores que frenan a quienes se lanzan sin red.
Desde [weg:url_web_entidad] acompañamos ese proceso con una gama completa de soluciones. Financiación internacional adaptada, herramientas para gestionar el riesgo y la plataforma Comex, que permite analizar mercados, definir prioridades y medir la preparación real de la empresa antes de cada movimiento. 
Porque crecer en otros mercados no es una aventura, es una decisión estratégica y en [weg:entidad]  queremos estar contigo en el proceso de internacionalización.

Escrito el 5 of Febrero of 2026 Internacional Actualidad