8 Ene 2026
El año 2026 se perfila como un año en el que el comportamiento de las divisas volverá a estar en el centro de las decisiones de muchas empresas con actividad internacional. Aunque las grandes oscilaciones vividas entre 2020 y 2023 han dado paso durante el 2024 y 25 a una relativa estabilización, eso no significa que el riesgo haya desaparecido. Al contrario: la exposición al tipo de cambio es hoy más sutil, pero también más exigente.
Muchas empresas han aprendido que el margen no se defiende solo desde el precio, sino desde la gestión financiera. Y en ese punto, las divisas se convierten en un factor que puede mejorar o hundir la rentabilidad de una operación. Evitar que impacten de forma negativa no requiere adivinar el futuro, sino entender tres claves que permiten anticiparse con inteligencia: los ciclos financieros internacionales, las tensiones entre monedas y la planificación rigurosa de contratos y coberturas.
Ciclos financieros más sensibles: cuando el tiempo juega en tu contra
En comercio internacional, el tiempo es dinero. Literalmente. Entre el momento en que se pacta una operación y el momento en que se cobra pueden pasar semanas o incluso meses. Y durante ese tiempo, el tipo de cambio puede evolucionar de forma que erosione el margen pactado.
Una operación cerrada hoy en dólares puede parecer rentable al firmarla, pero si el euro se revaloriza durante el plazo de cobro, el ingreso final en euros será menor. Y si además los costes se mantienen en euros, el impacto puede ser significativo.
Por eso, el primer paso para proteger el margen es entender el ciclo financiero de cada operación: cuánto dura, en qué moneda se emite la factura, cuándo se espera cobrar y cómo evoluciona la divisa implicada. Esa lectura permite tomar decisiones: si hay un riesgo real, conviene cubrir parte del tipo de cambio. Si el plazo es muy corto o el margen muy amplio, tal vez no sea necesario. Pero la clave está en saberlo de antemano.
En este sentido, es fundamental conocer las herramientas de financiación en divisa que permiten flexibilizar estos ciclos. Líneas de crédito, anticipos o cuentas multidivisa que ayudan a gestionar la liquidez sin perder el control del tipo de cambio.
Tensiones entre monedas: un tablero en constante movimiento
A diferencia de otros factores más estables, el mercado de divisas responde a elementos macroeconómicos, políticos y especulativos que pueden cambiar de un día para otro. Las decisiones de los bancos centrales, los datos de inflación, los resultados electorales o los conflictos geopolíticos alteran las expectativas y, con ellas, la cotización de las monedas.
En 2026, el BCE y la Reserva Federal mantienen políticas más prudentes, pero aún divergentes. Esto significa que el euro y el dólar pueden seguir enfrentando movimientos cruzados, sobre todo en función de los datos de empleo, crecimiento e inflación. Otras divisas, como la libra esterlina, el yuan o el real brasileño, presentan dinámicas propias que también conviene vigilar. Para muchas empresas, estos cambios no son previsibles, pero sí gestionables. Por ejemplo, si el 80 % de las ventas exteriores se concentran en una divisa concreta, es necesario seguir su evolución semanal y evaluar cómo cada movimiento afecta al margen global. No se trata de especular, sino de proteger operaciones concretas ante riesgos concretos.
Planificación contractual y coberturas: blindar el margen desde el origen
El último eslabón para evitar que las divisas arruinen la rentabilidad está en la propia arquitectura de las operaciones. Muchas veces, los problemas vienen no del mercado, sino de la falta de previsión en los contratos: operaciones sin cláusula de tipo de cambio, facturación en divisas sin cobertura, o cobros pactados en momentos de alta volatilidad.
Una empresa bien preparada define su política comercial teniendo en cuenta la divisa. Decide en qué monedas está dispuesta a facturar, fija precios con un colchón realista ante posibles cambios, y pacta con su banco el uso de herramientas como el seguro de cambio, las órdenes de límite o las coberturas flexibles.
Por ejemplo, si se trabaja con importadores que exigen pago en divisa, puede convenir fijar un seguro de cambio a 90 días que elimine la incertidumbre. Si se espera una venta importante en un contexto de alta volatilidad, es posible usar productos con ventanas abiertas que permiten beneficiarse de movimientos favorables.
Defender el margen es una decisión estratégica, no una reacción tardía
El verdadero coste del riesgo de divisa no está solo en la pérdida económica, sino en la pérdida de control. No saber cómo evoluciona el tipo de cambio, no tener herramientas para cubrirse o no entender cómo una moneda impacta en tus precios deja a la empresa en una posición vulnerable.
2026 puede ser un año de estabilidad relativa, pero también de sorpresas. Las empresas que dispongan de una estrategia clara frente a las divisas, apoyada en datos, planificación y soluciones financieras a medida, tendrán una ventaja competitiva decisiva.
Gestionar bien el riesgo de divisa no consiste en reaccionar cuando el mercado se mueve, sino en diseñar la operativa internacional con criterio desde el principio. Elegir la moneda adecuada, planificar los cobros y pagos, proteger los márgenes y anticipar escenarios forma parte hoy de una gestión financiera profesional.
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Las cuatro señales anteriores no son una lista cerrada, pero sí un buen termómetro. Si en tu empresa detectas interés exterior, cuentas con capacidad operativa, una propuesta de valor clara y un mínimo de organización interna, estás en condiciones de planear dar el paso al comercio exterior. Eso no garantiza el éxito, pero sí evita muchos de los errores que frenan a quienes se lanzan sin red.
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Escrito el 8 of Enero of 2026 Internacional Actualidad
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